TO LOOP THE LOOP AND VICEVERSA

No quisiera yo complicarlo más de lo necesario, pero lo cierto es que el asunto es más sencillo si hacemos al revés, es decir, desrizarlo, aunque sea eso lo que el malo, a su manera, pretenda, igual que el bueno,  a fin de cuentas, en “Looper”. Que si un loop es un rizo o bucle, un looper, más allá del lenguaje de la programación, no es un rizador.  Y no va de eso, no, el looper de la película de Rian Johnson.  Y es que, no quisiera salirme del loop y vagar en las tinieblas, fuera del bucle de información, pero me sigue pareciendo que es mucho mejor al revés: desrizarlo, deshacerlo, interrumpirlo, abandonar el loop. Y lo mismo le parece a RJ.  Y es que todo, al parecer, arranca del hecho de que Android desarrolló sus propios loopers, que se ejecutan indefinidamente hasta que se cumple una “condición de salida” (¿dónde quedaron las ovejas eléctricas?), sin saber que esto permitiría asesinatos más allá de la ley y del tiempo. Porque si llegas a los cincuenta, es solo un suponer, y se descubre entonces una manera de viajar al pasado (cosa que ocurrirá sin duda algún día aunque no sea más que a fuerza de tanto imaginarlo), corres el riesgo de desaparecer a manos de tu “yo” de veinte años, que no desaparecerá contigo sino que seguirá viviendo hasta llegar a los cincuenta y, de nuevo, vuelta a empezar a menos que alguien pare el bucle con una “condición de salida”, que bien podría consistir en que desaparecieras a los veinte y entonces sí, final de la historia. Y bueno, toda esta complicación para darse cuenta de que tu propia desaparición a los veinte es una de las maneras de salir de ese bucle y no es que sea la mejor para ti, que desapareces, sino que tu sacrificio, como una condición de salida, rompe los bucles de otros y los libera. Solución extrema pero inocua: es una película y para mí, también, una metáfora de la necesidad de cambiar algo para que todo cambie o, mejor, de la posibilidad de salir de un bucle por fatídico que parezca.

Porque un rizo no es nada, ni un bucle. Ha sido la tecnología la que ha visto en ellos un “símil” para hablar de repeticiones y eso que estas han estado siempre ahí, por todas partes, de múltiples formas, algunas hermosas y bellas, otras insidiosamente destructivas. Y es la tecnología la que nos hace decir ahora “romper el bucle” cuando vemos la necesidad de romper el ciclo. Que la técnica puede “cualquier cosa” (eso dice el  DRAE). Que vamos subidxs a su carro, ciegxs, confiadxs,  porque nos da sensación de progreso, de omnipotencia (que hay quien soñó con ver todo el granito de la sierra de Madrid convertido en un fértil pozo de petróleo, a ver si no va a poder eso la técnica y más).

Yo me quedo con la “Paradoja del interventor” de Gonzalo Hidalgo (que se me antoja que también va de repeticiones y de historias estancas), que con arte (que es técnica y mucho más) también encuentra “la condición de salida” en la apertura a lo desconocido (o eso me parece a mí, y esto me basta), en el abandono de la resignación ante lo que parece inmutable por repetitivo, por su oscura fuerza de “déja vu”. Y es que andan los tiempos con bucles como cabezas de Medusa. Bueno, me quedo con Hidalgo y también con Foucault y su concepto de biopoder (y sus técnicas sin arte), que no me queda muy claro en qué sentido viajamos a lomos de señora tan poderosa. Que no sé muy cierto dónde y cuándo vivo. Que tanto bucle ya da vértigo.

(y andy no se deja caer por aquí ¿estará atrapado en algún loop? )
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