LETRA QUE FUE CREADA, INDESCIFRABLE Y COTIDIANA

[…]

La historia que he narrado aunque fingida,
Bien puede figurar el maleficio
De cuantos ejercemos el oficio
De cambiar en palabras nuestra vida.

Siempre se pierde lo esencial. Es una
Ley de toda palabra sobre el numen.
No la sabrá eludir este resumen
De mi largo comercio con la luna.

No sé dónde la vi por vez primera,
Si en el cielo anterior de la doctrina
Del griego o en la tarde que declina
Sobre el patio del pozo y de la higuera

[…]

Pensaba que el poeta es aquel hombre
Que, como el rojo Adán del Paraíso,
Impone a cada cosa su preciso
Y verdadero y no sabido nombre,

Ariosto me enseñó que en la dudosa
Luna moran los sueños, lo inasible,
El tiempo que se pierde, lo posible
O lo imposible, que es la misma cosa.

De la Diana triforme Apolodoro
Me dejo divisar la sombra mágica;
Hugo me dio una hoz que era de oro,
Y un irlandés, su negra luna trágica.

Y, mientras yo sondeaba aquella mina
De las lunas de la mitología,
Ahí estaba, a la vuelta de la esquina,
La luna celestial de cada día

Sé que entre todas las palabras, una
Hay para recordarla o figurarla.
El secreto, a mi ver, está en usarla
Con humildad. Es la palabra luna.

Ya no me atrevo a macular su pura
Aparición con una imagen vana;
La veo indescifrable y cotidiana
Y más allá de mi literatura.

Sé que la luna o la palabra luna
Es una letra que fue creada para
La compleja escritura de esa rara
Cosa que somos, numerosa y una.

Es uno de los símbolos que al hombre
Da el hado o el azar para que un día
De exaltación gloriosa o de agonía
Pueda escribir su verdadero nombre.

La luna (Jorge Luis Borges)

apud  “Taller Filosófico Sociológico”

LA FLECHA DEL TIEMPO

La flecha del tiempo” es un término acuñado en 1927 por el astrónomo Arthur Eddington para referirse a la dirección de “sentido único” del tiempo, también conocido como “asimetría del tiempo”, concepto estrechamente ligado al de “entropía“. En términos psicológicos, la sensación de que la propia percepción es un continuo movimiento desde lo conocido (pasado) a lo desconocido (futuro) produce la imagen mental de una flecha. La idea de anticipación nos hace pensar en términos de “moverse hacia”, sin embargo, igual que una imagen reflejada en un espejo, constituye en realidad una parte de la memoria: deseos, sueños, esperanzas que parecen “por delante” del observador. La asociación: “pasado = detrás y “futuro = delante” está determinada culturalmente. Los chinos y los aymara, por ejemplo, hacen la asociación contraria: “delante = pasado” , “detrás = futuro”. En chino, “pasado mañana” es “detrás del día”, mientras que “antesdeayer” es “delante del día”. Aunque, bueno, entre nuestros pensadores alguno ya vislumbró esta posibilidad, como Miguel de Unamuno:

Nocturno el río de las horas fluye desde su manantial que es el mañana
eterno…

No solo los físicos se interesan por el tiempo, especulando sobre posibilidades como la de la “simetría del tiempo”, según la cual una misma historia podría ocurrir en ambas direcciones, no solo los filósofos han escrito sobre él, también novelistas y poetas. Antes de que el acelerador entrópico que es el salvaje capitalismo nos robase el tiempo para pensar, grandes escritores del siglo pasado como Thomas Mann, Jorge Luis Borges, Vladimir Nabokov, por mencionar solo tres de los más relevantes de la literatura universal, dedicaron memorables páginas a la cuestión del tiempo, sin olvidar a Proust.

Van, el protagonista de Ada or Ardor, se propone al escribir “Texture of Time”, examinar la esencia del tiempo (Time) y no su intervalo pues no cree que su esencia pueda reducirse a dicho intervalo, como tampoco cree que no se pueda desvincular del omnipresente espacio y emprende dicha tarea consciente de que los que lo han intentado antes han caído en la oscuridad o ahogados en el espacio (Space).De los goces de dicha búsqueda dice: “I delight sensually in Time, in its stuff and spread, in the fall of its folds, in the very impalpability of its grayish gauze, in the coolness of its continuum”. No voy a desvelar aquí los pormenores y descubrimientos de su magnífico viaje por la textura del tiempo, sólo citaré un fragmento que me parece resumir, tras aparente frivolidad, su gran hallazgo, hallazgo que solo será posible entender leyendo el relato entero:

Now it so happened that she had never -never, at least, in adult life- spoken to him by phone; hence the phone had preserved the very essence , the bright vibration, of her vocal cords, the little “leap” in her laryx, the laugh clinging to the contour of the phrase […]

Mientras averiguan dónde está la profundidad inverosímil de este pasaje, intento imaginar cuánto dura para una mosca el intervalo que va desde que percibe la intención del “matamoscas” de acabar con su tiempo de mosca hasta que escapa de él a una velocidad prodigiosa.