¿Cómo nos dice el cerebro la hora?

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¿Qué hace que percibamos el paso del tiempo de maneras distintas? ¿Por qué a veces se nos pasa volando y otras se nos hace eterno?

Un nuevo estudio, publicado recientemente en el Journal of Neuroscience por neurocientíficos de la Universidad de California, Irvine, ha revelado que el cerebro podría tener una segunda forma de calcular el paso del tiempo. Es más, los autores proponen que este segundo reloj interno no solo trabaja en paralelo con nuestro reloj interno primario, sino que incluso podría competir con él.  Scientific American

drop uPOn drop

“Drop upon drop”, said Bernard, “silence falls. It forms on the roof of the mind and falls into pools beneath. For ever alone, alone, alone -hear silence fall and sweep its rings to the farthest edges […]”

“In this silence” , said Susan, “it seems as if no leaf would ever fall, or bird fly.”

                                                                 (The Waves,  Virginia Woolf)


TO LOOP THE LOOP AND VICEVERSA

No quisiera yo complicarlo más de lo necesario, pero lo cierto es que el asunto es más sencillo si hacemos al revés, es decir, desrizarlo, aunque sea eso lo que el malo, a su manera, pretenda, igual que el bueno,  a fin de cuentas, en “Looper”. Que si un loop es un rizo o bucle, un looper, más allá del lenguaje de la programación, no es un rizador.  Y no va de eso, no, el looper de la película de Rian Johnson.  Y es que, no quisiera salirme del loop y vagar en las tinieblas, fuera del bucle de información, pero me sigue pareciendo que es mucho mejor al revés: desrizarlo, deshacerlo, interrumpirlo, abandonar el loop. Y lo mismo le parece a RJ.  Y es que todo, al parecer, arranca del hecho de que Android desarrolló sus propios loopers, que se ejecutan indefinidamente hasta que se cumple una “condición de salida” (¿dónde quedaron las ovejas eléctricas?), sin saber que esto permitiría asesinatos más allá de la ley y del tiempo. Porque si llegas a los cincuenta, es solo un suponer, y se descubre entonces una manera de viajar al pasado (cosa que ocurrirá sin duda algún día aunque no sea más que a fuerza de tanto imaginarlo), corres el riesgo de desaparecer a manos de tu “yo” de veinte años, que no desaparecerá contigo sino que seguirá viviendo hasta llegar a los cincuenta y, de nuevo, vuelta a empezar a menos que alguien pare el bucle con una “condición de salida”, que bien podría consistir en que desaparecieras a los veinte y entonces sí, final de la historia. Y bueno, toda esta complicación para darse cuenta de que tu propia desaparición a los veinte es una de las maneras de salir de ese bucle y no es que sea la mejor para ti, que desapareces, sino que tu sacrificio, como una condición de salida, rompe los bucles de otros y los libera. Solución extrema pero inocua: es una película y para mí, también, una metáfora de la necesidad de cambiar algo para que todo cambie o, mejor, de la posibilidad de salir de un bucle por fatídico que parezca.

Porque un rizo no es nada, ni un bucle. Ha sido la tecnología la que ha visto en ellos un “símil” para hablar de repeticiones y eso que estas han estado siempre ahí, por todas partes, de múltiples formas, algunas hermosas y bellas, otras insidiosamente destructivas. Y es la tecnología la que nos hace decir ahora “romper el bucle” cuando vemos la necesidad de romper el ciclo. Que la técnica puede “cualquier cosa” (eso dice el  DRAE). Que vamos subidxs a su carro, ciegxs, confiadxs,  porque nos da sensación de progreso, de omnipotencia (que hay quien soñó con ver todo el granito de la sierra de Madrid convertido en un fértil pozo de petróleo, a ver si no va a poder eso la técnica y más).

Yo me quedo con la “Paradoja del interventor” de Gonzalo Hidalgo (que se me antoja que también va de repeticiones y de historias estancas), que con arte (que es técnica y mucho más) también encuentra “la condición de salida” en la apertura a lo desconocido (o eso me parece a mí, y esto me basta), en el abandono de la resignación ante lo que parece inmutable por repetitivo, por su oscura fuerza de “déja vu”. Y es que andan los tiempos con bucles como cabezas de Medusa. Bueno, me quedo con Hidalgo y también con Foucault y su concepto de biopoder (y sus técnicas sin arte), que no me queda muy claro en qué sentido viajamos a lomos de señora tan poderosa. Que no sé muy cierto dónde y cuándo vivo. Que tanto bucle ya da vértigo.

(y andy no se deja caer por aquí ¿estará atrapado en algún loop? )

"YO ESCUCHABA CADA NOTA "

Este texto de Julio Cortázar (“El perseguidor” en Las armas secretas), a propósito de un músico de jazz, Charlie Parker,  roza la textura del tiempo, aunque, creo, habla más de lo que ocurre (de su efecto “ascensor” frente al efecto “métro”), cuando se penetra:

«[…] Te estaba diciendo que cuando empecé a tocar de chico me di cuenta de que el tiempo cambiaba. Eso se lo conté una vez a Jim y me dijo que todo el mundo siente lo mismo, y que cuando uno se abstrae…Dijo así, cuando uno se abstrae. Pero yo no me abstraigo cuando toco. Solamente que cambio de lugar. Es como en un ascensor, tú estás en el ascensor hablando con la gente, y no sientes nada raro, y entre tanto pasa el primer piso, el décimo, el veintiuno, y la ciudad se quedó ahí abajo, y tú estás terminando la frase que habías empezado al entrar, y entre las primeras palabras y las últimas hay cincuenta y dos pisos. Yo me di cuenta cuando empecé a tocar que entraba en un ascensor, pero era un ascensor de tiempo…»

«[…] la cuestión es que yo había tomado el métro en la estación de Saint- Michel y en seguida me puse a pensar el Lan y en los chicos, y a ver el barrio. Apenas me senté me puse a pensar en ellos. Pero al mismo tiempo me daba cuenta de que estaba en el métro, y vi que al cabo de un minuto más o menos llegábamos a Odéon, y que la gente entraba y salía. Entonces seguí pensando en Lan y vi a mi vieja cuando volvía de hacer las compras, y empecé a verlos a todos, a estar con ellos de una manera hermosísima, como hacía mucho que no sentía. Los recuerdos son siempre un asco, pero esta vez me gustaba pensar en los chicos y verlos. Si me pongo a contarte todo lo que vi no lo vas a creer porque tendría para rato.[…] Si te contara todo lo que les vi hacer a los chicos, y como Hamp tocaba save it, pretty mamma y yo escuchaba cada nota, entiendes, cada nota, y Hamp no es de los que se cansan, y si te contara que también le oí a mi vieja una oración larguísima, donde hablaba de repollos, me parece, pedía perdón por mi viejo y por mí y decía algo de unos repollos…Bueno, si te contara en detalle todo eso, pasarían más de dos minutos […]








Pasaría un buen cuarto de hora, eh, Bruno. Entonces me vas a decir cómo puede ser que de repente siento que el métro se para y yo me salgo de mi vieja y Lan y todo aquello, y veo que estamos en Saint-Germain-des-Prés, que queda justo a un minuto y medio de Odéon. […]

Apenas un minuto y medio por tu tiempo, por el tiempo de ésa (…). Y también por el del métro y el de mi reloj, malditos sean. Entonces, ¿cómo puede ser que yo haya estado pensando un cuarto de hora […]?¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio? […]

Y después me ha vuelto a suceder, ahora me empieza a suceder en todas partes. Pero –agrega astutamente- sólo en el métro me puedo dar cuenta porque viajar en el métro es como estar metido en un reloj. Las estaciones son los minutos, comprendes, es ese tiempo de ustedes, de ahora; pero yo sé que hay otro, y he estado pensando, pensando…

[…] Si yo pudiera solamente vivir como en esos momentos, o como cuando estoy tocando y también el tiempo cambia…Te das cuenta de lo que podría pasar en un minuto y medio…Entonces un hombre, no solamente yo sino ésa y tú y todos los muchachos, podrían […]

J. Cortázar: Las armas secretas. “El perseguidor”, en Cuentos completos, Alfaguara, Madrid, 1998. pp. 230, 2, 3.


Imagen: NicoschimKus

TEMPUS FUGIT (and "the blur in the brain")

solitude standing

Pues que esta mañana estaba viendo mis vinilos (algunos los estoy digitalizando) y, de mis veinte, me viene este recuerdo y este tema y esta letra de Suzanne Vega. Una ligera concesión a la nostalgia…y me voy corriendo a mis deberes.

Language

If language were liquid
It would be rushing in
Instead here we are
In a silence more eloquent
Than any word could ever be

Words are too solid…