¿Cómo nos dice el cerebro la hora?

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¿Qué hace que percibamos el paso del tiempo de maneras distintas? ¿Por qué a veces se nos pasa volando y otras se nos hace eterno?

Un nuevo estudio, publicado recientemente en el Journal of Neuroscience por neurocientíficos de la Universidad de California, Irvine, ha revelado que el cerebro podría tener una segunda forma de calcular el paso del tiempo. Es más, los autores proponen que este segundo reloj interno no solo trabaja en paralelo con nuestro reloj interno primario, sino que incluso podría competir con él.  Scientific American

LA FASCINACIÓN DEL AUTÓMATA: UNA IMAGEN ESPECULAR

Nos recuerda  Miquel Bassols que, frente al empeño de ciertas perspectivas “localizacionistas” en neurociencias por topografiar o cartografiar  las funciones subjetivas de lxs humanxs (y elijo deliberadamente escribir “humanxs” y no “mente humana” porque no existe esta sin lxs otrxs), la consciencia y el lenguaje se resisten a serlo pues pertenecen a un nivel que no puede ser aprehendido de una forma “material”, o tal vez habría que decir de una manera elemental, simple o unívoca. Reaccionar no es responder y esos modelos parecen defender dicha identificación. Y no hace falta recurrir a razones metafísicas, ya Lacan señaló que el/lo “Real” de la palabra no cesa de no escribirse y que el soporte del “significante” es distinto al biológico. Es “el otro” el que hace posible la respuesta subjetiva y el que da lugar al lenguaje.

Aunque no lo dice M. Bassols, no está de más recordar que los modelos localizacionistas no son los únicos en neurociencias. Existen otros modelos que entienden las funciones cognitivas como un “proceso” en el tiempo, que implicaría una activación de diferentes zonas del cerebro,  que no es captado en su totalidad por las modernas técnicas que “observan” la actividad cerebral. El modelo conexionista de J. Fuster sería un buen ejemplo de esas otras formas de entender la actividad cerebral que parece explicar mejor esa naturaleza “elusiva” de sus funciones superiores. Ya Vygotsky señalaba que la localización de los procesos mentales en el córtex cerebral no permanece constante, sino que cambia en el proceso de desarrollo del niño hasta hacerse adulto estableciéndose relaciones funcionales jerárquicas entre la corteza primaria, secundaria y terciaria de sentido opuesto en el adulto respecto del niño, lo que nos da una idea dinámica y no estática de la localización de las funciones psíquicas.

Y, más allá del autómata de La Mettrie (o del Golem que lleva inscrito en la frente “Elohim emet”: Dios es verdad, pero que también llava implícita la muerte de Dios al borrar la primera “e”: “Elohim met”)  se me ocurre que el espejo (y pienso en las neuronas espejo, pero no solo) nos salva y nos condena a un tiempo: nos salva al sacarnos de nosotros mismos, pero también nos impide, a veces, mirarnos hacia dentro, nos absorbe narcisistamente en nuestra identidad más externa, más simple y esquemática y nos condena a no vernos realmente. Es al mismo tiempo y paradójicamente, el espejo, el umbral hacia una realidad no material, el primer paso hacia lo “intangible” pero real…

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Y pienso en las alucinaciones como “entes” que se desprenden sutilmente de los soportes biológicos en los que se generan, y que, sólo a veces, sólo a veces, nos extravían. Alucinaciones, pensamientos, palabras, “fantasmas” del cerebro, que…hoy por hoy, ninguna máquina o dispositivo permite fotografiar (posibilidad sobre la que, tal vez, habría que preguntar a un nuevo Nikola Tesla).

Agradezco a Paco Rodríguez del Valle el haber compartido en Hipnosis Clínica (Foro Público) este vídeo de la conferencia de Miquel Bassols: Neurociencias y el sujeto del inconsciente.