KALIMÂT FÎ L-MARÂH

LUZ

“She looked at the window in which the candle flames burnt brighter now that the panes were black, and looking at that outside the voices came to her very strangely, as if they were voices at a service in a cathedral, for she did not listen to the words […] The words (she was looking at the window) sounded as if they were floating like flowers on water out there, cut off from them all, as if no one had said them, but they had come into existence of themselves […] like music, the words seemed to be spoken by her own voice, outside her self, saying quite easily and naturally what had been in her mind […]”

(Virginia Woolf, To the Lighthouse)
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"ARRENGEMENT OF NOTES"

Difusa

En el fragor de la docencia (sí, fragor), me aferro a los grandes y a sus inmensas metáforas que me arrancan de esa irrealidad que a veces me parece la “realidad”, a fuerza de empeñarse en un sentido que no comprendo bien.
Así, anoche me encontré con estas palabras de F. Scott Fitzgerald en The Great Gatsby:

I looked back at my cousin who begin to ask me questions in her low, thrilling voice. It was the kind of voice that the ear follows up and down as if each speech is an arrengement of notes that will never be played again. Her face was sad and lovely with bright things in it, bright eyes and a bright passionate mouth -but there was an excitement in her voice that men who had cared for her found difficult to forget: a singing compulsion, a whispered “Listen”, a promise that […]

Y no es que lo entienda mucho, al menos me cuesta imaginar en cierto sentido una voz así (no suenan igual las voces de las mujeres españolas que las de las americana e imagino que una voz femenina de la época del jazz no es como una de esta época (a la que no sé qué adjetivo ponerle) y, además se me antoja cierta incongruencia en esta voz, emocionante y queda a la vez, entre la voz y la expresión facial, entre el contexto, el contenido y el objetivo de las palabras de su triste y brillante prima, de su triste y brillante y musical prima que dice más con el ritmo de sus palabras que con sus palabras…y así me quedo, como suspendida, atrapada en un texto que me hace soñar (y que alguna de mis alumnas americanas calificaría de “bonito”, sin más) y sé que puedo hacerlo sin confundirme porque en la imaginación nunca hay confusión, ni posibilidad de pérdida (el camino de vuelta a la realidad todavía permanece aunque esta sea tan difusa).