CADAVRE EXQUIS


una vez bis

Hace unos días cargué el acento sobre el carácter “inanimado” (en español “inánime” significa lo mismo: “dícese del que está ya sin vida o sin señal de vida”, es decir, muerto) de las palabras, aprovechando que en inglés la palabra “inert” es sinónimo de “inanimate”; y lo hice a pesar de que la traducción que da el  Webster’s New World de “inerte” es: “inerte”, “inmóvil” y de que el primero de estos términos en español nada tiene que ver con la falta de vida  (o alma para los que creen en ella), sino que significa, según el DRAE, “inactivo, ineficaz, estéril, inútil”.  Arrimé el ascua a mi sardina/sartén porque el “juego” me permitía enfatizar la idea de que las palabras viven gracias a nosotrxs (que así de fácil es confundir”nos” -reflexivamente  o de forma “directamente objetiva”, es decir, tanto nosotros solos como por acciones manipuladoras) con las palabras en esta era globalizada donde todo parece sonar familiar y en realidad nos es desconocido (pero tan contentos, qué más da, ¿no?). Tan desconocido, digo,  como para mí la causa de que, pocos días después, por otros caminos distintos a los que me llevaron a  “Waking Life”, “me aparece” en la pantalla del ordenador  un “cadáver exquisito”, al que animan, precisamente, en el sentido más amplio del verbo, palabras que parecen adquirir, de pronto, vida propia:

“Le cadavre- exquis- boira – le vin – nouveau”. Esta fue la primera frase que “apareció” en la primera partida de un juego que consistía en escribir una frase,  entre todos los jugadores, siguiendo el orden de “sujeto – verbo- complemento”. La gracia del asunto estaba en que ninguno supiera (todo)/ lo que había escrito el anterior.

Y aunque la wikipedia en español señala el aspecto más serio de este suceso ( “Los teóricos y asiduos al juego (en un principio, Robert Desnos, Paul Éluard, André Bretón y Tristan Tzara) sostenían que la creación, en especial la poética, debe ser anónima y grupal, intuitiva, espontánea, lúdica y en lo posible automática. De hecho, muchos de estos ejercicios se llevaron a cabo bajo la influencia de sustancias que inducían estados de semiinconsciencia o durante experiencias hipnóticas”) si hemos de hacer caso a uno de los participantes asiduos a dicho juego,  André Breton, sus jugadores pretendían sobre todo divertirse: « Bien que, par mesure de défense, parfois, cette activité ait été dite, par nous, “expérimentale”, nous y cherchions avant tout le divertissement. Ce que nous avons pu y découvrir d’enrichissant sous le rapport de la connaissance n’est venu qu’ensuite. » (Médium, no 2, 1954).

Bueno, y sin darle muchas vueltas, de momento, a la inutilidad o falta de animación de las palabras, me parece este “cadáver exquisito de palabras” todo un método de trabajo: si no llegamos a ninguna parte al menos nos hemos divertido. [¿Se puede pedir algo más en esta era de marianicos?]

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